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viernes, 18 de febrero de 2011

Reflexión nº1


Esto es lo que sucede. A veces simplemente necesitamos dejar salir aquello que nos está ahogando en el pecho, hoy fue mi caso…
 Comenzaré a subir semanalmente una reflexión, no es necesariamente lo que parece, por ejemplo ahora: La reflexión nº 1 es absolutamente ajena a la realidad, la escribí estando muy triste, sin embargo, no es más que una metáfora. No pensaba en un hombre, sino en ciertas amistades... Pero, nuevamente, la relación de pareja es un modo simple de dar a entender algo que probablemente no lo es, aclarado este punto les invito a leer este breve, pero necesario fragmento.

Le sigo extrañando...

Él no ha llegado, es tercera vez en la semana. Sé que no me engañaría, me ama demasiado para eso, pero entonces veo el reloj una vez más, es la quinta vez que lo miro y sé que no ayudará a que las diez lleguen más pronto. Sin embargo, lo hago, porque mi corazón así lo dicta, y mientras siento mis oídos martillar… Le sigo extrañando.
Sé como la mira, por supuesto no soy idiota; ella es hermosa, probablemente no como yo, pero tiene ese carisma, esa ternura; ese ángel que dios probablemente me negó. Pero qué puedo decir, la chica tiene personalidad, algo que me falta casi tanto como la paciencia.  
¡Y como desearía adelantar el maldito reloj y finalmente poder ir a dormir!
Sé que le dije que todo estaba bien, mal que mal, no todo tiene que ser trabajo. Por supuesto que me alegro de que pueda salir de juerga con sus amigos, con ella…
 Y es que por mucho que no sea celosa, o eso solían criticar mis antiguas parejas, no puedo dejar de sentir. Él probablemente nunca lo sabrá, las palabras: «¿dónde has estado?» o «¿por qué llegas a esta hora?», jamás saldrán de mi boca, soy demasiado orgullosa para eso…
Él podrá pensar que soy una mujer insensible o en el mejor de los casos, tal vez moderna. No comprende que se trata de todo lo contrario, que le quiero demasiado como para exigirle un poco más.
Y mientras tanto… duele, duele como nada porque le amo y mi cariño es demasiado para negarle respirar, pero él anhela el aire y el mío no le basta. Y todo lo que deseo es poder tener el oxígeno suficiente para mantenerlo junto a mí.
Cuando me besa, se siente bien, pero algo en mi corazón suele impedir que lo disfrute del todo; es el recuerdo de ella, saber que no soy la única que le roba una sonrisa… esa sonrisa. Probablemente estoy mal, ¡pero yo sigo sintiendo!... y él me sigue creyendo.
No se merece esto; ni mis dudas ni mi mudo rencor y mientras no se entere, no hay porque sufrir… No ha habido engaño en esta historia, solo su alegría y de paso mi dolor.
Y mientras tanto… Le sigo extrañando.